El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami

Reseña

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Cubierta de la edición española de editorial Acantilado

Hoy os traigo la que espero que sea la primera de una larga serie de novelas japonesas que ojalá tenga la oportunidad de reseñar aquí. Aunque reconozco que mi conocimiento de la literatura japonesa es todavía muy limitado, es uno de los campos que más me interesan ahora mismo. Esto se debe en parte a interés propio y en parte también a que mi santo es muy aficionado a todo lo japonés –manga, anime, literatura, cine, etc-, por lo que él también ha contribuido a meterme el gusanillo en el cuerpo. La novela de la que quiero hablaros hoy es El cielo es azul, la tierra blanca: una historia de amor de la escritora nipona Hiromi Kawakami.

La novela, que apareció en 2001, en realidad se llamaría, atendiendo a su título original japonés, El maletín del maestro, pero la editorial Acantilado optó por darle el mismo título que tenía en la edición alemana. Esta novela supuso la consagración de Hiromi Kawakami como autora en su país natal, al pasar de ser una escritora recluida en un nicho de mercado concreto –el de la literatura para mujeres que entraban en la edad adulta-, a ser una de las autoras más conocidas por el público en general en Japón. Como de costumbre os cuento un poco de qué va la novela y después os comento mis impresiones.

Sinopsis

Tsukiko Omachi es una mujer que se acerca a la cuarentena y que una noche se encuentra en una taberna a la que suele acudir a cenar y beber sola con su viejo profesor de japonés del instituto, el maestro Matsumoto. Sin que medien citas de por medio, sino quedando siempre al azar de los encuentros, Tsukiko va a ir acostumbrándose a la compañía de su viejo maestro hasta que él se convierta en la única persona que llena para ella el vacío de una existencia carente de motivaciones. Sin pareja, sin amigos, con un trabajo aburrido, Tsukiko parece arrastrar una vida gris, en la cual poco a poco el maestro, siempre tan correcto, siempre con su maletín al lado, se va a convertir en el único compañero de viaje. A medida que pase el tiempo, Tsukiko, en cuya vida ha reaparecido también un antiguo compañero de la escuela que parece sentir un interés especial por ella, no va a tener más remedio que aceptar que se ha enamorado del maestro. La manera en que ambos, Tsukiko y el maestro, intenten manejar la situación dará lugar a una tierna y contenida historia de amor entre dos personas separadas por la edad pero unidas por la soledad.

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Retrato de la autora, Hiromi Kawakami

Cuando leía la novela estos días pasados, pensaba de broma que si escribía una reseña sobre ella debería empezar diciendo que se trataba de una «terrible historia de alcoholismo y síndrome de Diógenes». Desde luego se trata de una broma, aunque algo de cierto hay: en El cielo es azul, la tierra blanca cerveza y sake son dos personajes más. Ambas bebidas presiden las reuniones entre los dos protagonistas, que se encuentran en la taberna y beben -bueno, también comen algo-, mostrando una resistencia al alcohol digna de envidia. Lo del síndrome de Diógenes lo descubriréis quienes leáis la novela en el primer capítulo.

Bromas aparte, lo cierto es que, como adelantaba en la entrada de la semana pasada sobre mis lecturas semanales, esta es una historia de amor 100% japonesa. Lo es por la sutileza –algunos dirían incluso que frialdad– con que se muestran los sentimientos de los personajes, lejos de todo exhibicionismo y grandilocuencia. Los primeros capítulos son pequeñas escenas en que asistimos a algunos de los encuentros entre Tsukiko y el profesor, sin que parezca que haya una línea argumental que los una: nos dan la impresión de ser eso, escenas, sketches, esbozos de una historia. Solo a medida que pasamos páginas la novela deja de ser una sucesión de escenas para vertebrarse en torno al conflicto fundamental: el enamoramiento que Tsukiko empieza a sentir respecto a su viejo profesor.

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Fotograma de la adaptación cinematográfica de la novela

Imagino que debe de tratarse de la distancia cultural, pero muchas veces, al leer una novela japonesa –me ha pasado también con Murakami y con Kawabata, por ejemplo- hay momentos en que no entiendo bien el porqué del comportamiento de alguno de los personajes. Esto, por otra parte, no es necesariamente malo, y de hecho me parece que le añade a la experiencia de la lectura un distanciamiento que le hace ganar un halo de misterio y de sugestión, una extrañeza, que me resulta característicamente japonés. En esta novela me pasa también en algunos momentos que no mencionaré para no desvelar demasiado de la trama.

Como decía antes, si algo caracteriza a esta novela, como a otras historias de amor niponas, es la aparente frialdad y la sutileza con que son mostradas las emociones de los personajes. En este caso, durante un buen puñado de capítulos asistimos a una narración bastante impersonal –a pesar de que el narrador es la propia Tsukiko protagonista- en que lo que se nos narra son sobre todo los acontecimientos externos, sin apenas vislumbres de la subjetividad de la narradora. No será hasta bien entrada la novela cuando todo el tedio vital de este personaje, todo el vacío de su existencia se haga patente, en un fogonazo de subjetividad provocado por un incidente aparentemente nimio: el corte en un pie provocado por un cristal roto proveniente de un tubo fluorescente.

Pero no por contenida la emotividad está ausente de la novela: de manera sutil, a través de los diálogos, de los pequeños gestos, de las miradas, de las comidas compartidas –la comida es junto a la bebida otra de las grandes protagonistas-, la novela se va cargando de una afectividad tan potente que al final la sola mención de la palabra «maestro» por parte de Tsukiko vale por la más desgarradora confesión amorosa. La novela tiene esa cualidad de la belleza contenida, surgida de lo cotidiano, de lo aparentemente trivial, que cristaliza en los haikus japoneses, que por cierto están presentes en el libro.

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Cubierta del segundo tomo de la edición española de la adaptación al manga de la novela.

El cielo es azul, la tierra blanca conoció un gran éxito en Japón, como comentaba al principio. La novela fue adaptada al formato manga por uno de los grandes artífices del cómic japonés, Jiro Taniguchi, autor de obras como El almanaque de mi padre o El caminante. La adaptación de Taniguchi de la novela de Kawakami se ha editado en España en dos volúmenes con el título Los años dulces (Ponent Mon). También se hizo una película que adaptaba la novela en 2003, aunque lo cierto es que no he conseguido encontrar mucha información sobre ella.

En resumen, El cielo es azul, la tierra blanca, es una historia impregnada de una poesía típicamente japonesa que hará las delicias de aquellos a quienes les emocione este tipo de sensibilidad, aunque quizá deje fríos a otros. Particularmente, para mí ha supuesto un descubrimiento de una gran autora y una hermosa historia.

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Título: El cielo es azul, la tierra blanca

Autor: Hiromi Kawakami

Editorial: Acantilado

Traducción: Marina Bornas Montaña

Año: 2011 (ed. original: 2001)

ISBN: 9788492649143

Nº de páginas: 211

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7 comentarios en “El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami

  1. A mí también me encantó la novela y me gusta mucho lo que dices sobre el “distanciamiento” que sentimos muchos lectores occidentales ante la literatura japonesa. Justo eso, creo, es lo que a mí me tiene enganchada. Eso, y la soledad que aparece tantas veces y esa forma tan suya de detectar lo bello en cualquier cosa. Un saludo!

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    • Totalmente de acuerdo con lo que dices. Los autores japoneses tienen una manera de reflejar la soledad muy especial. Espero reseñar más novelas japonesas. ¡Gracias por la visita y por el comentario!

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  2. Lo leí por pura curiosidad, lo encontré accidentalmente en la biblioteca de mi localidad, y me gustó mucho. Como bien dices la narración es un tanto distante y fría y la evolución de los sentimientos de los personajes sutil y, en ocasiones, difícil de ver, pero aún así es una historia realmente hermosa y tierna.

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  3. Es una historia preciosa, me justa mucho la literatura nipona, tiene una estética que ya sólo eso hace que merezca la pena ser leída. Aunque es cierto que tal vez, precisamente esa estética provoque que me resulten historias ajenas, disfruto contemplándolas
    Besos

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    • Sí, la literatura japonesa tiene un algo especial que atrae y a la vez te hace sentir un poco lejos. Supongo que por eso nso gusta. Saludos y ¡gracias por la visita!

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  4. Me ha encantado la reseña y me apetece muchísimo leerlo. Yo soy una gran de Murakami y también he leído algunos libros de Banana Yoshimoto. Como bien dices, en ocasiones cuesta comprender el comportamiento de los personajes debido a la distancia cultural, pero a pesar de todo (o quizá gracias a ello) la literatura japonesa me resulta fascinante. Voy a seguirte, me encanta leer reseñas y hace poco empecé mi propio blog 🙂

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